martes, 21 de agosto de 2012

La comunicación interpersonal: asertividad

Qué duda cabe de la necesidad de tener unas relaciones interpersonales satisfactorias como prerrequisito para una vida plena. Es más, el apoyo social es la variable con mayor impacto reductor del estrés en situaciones difíciles.

Desde la psicología y la psicoterapia se han estudiado con frecuencia los diferentes estilos de comunicación de las personas. Y es que la forma que tenemos de comunicarnos con los demás influye en gran medida en el atractivo que produzcamos en ellos y en la probabilidad de que los otros quieran mantener la interacción o por el contrario, acaben por limitarla.

La mayoría de las personas emplean estilos diferentes de comunicación interpersonal en función de los interlocutores con los que interactúen, su propio estado de ánimo, la situación en la que se encuentren, etc. Se trata de un tipo de aprendizaje implícito que adquirimos por lo general durante el periodo del desarrollo (infancia y adolescencia), aunque seguimos modificando con la experiencia y por supuesto es susceptible de cambio mediante la ayuda de un psicólogo. De hecho, el aprendizaje que se adquiere durante la infancia y adolescencia respecto a los estilos de comunicación está enormemente influido por el aprendizaje observacional basado en modelos. De ahí los grandes parecidos entre los familiares y otras personas con las que se convive en cuanto a estilos de comunicación (sin restar importancia a la influencia genética). Este hecho nos lleva a pensar en la posibilidad de cambio de los mismos mediante situaciones artificiales creadas en la terapia psicológica adaptada a las necesidades de cada persona.

Cuando hablamos de estilos de comunicación en psicología, hacemos referencia a las diferentes maneras que existen a la hora de comunicarnos con los demás. Aquí incluimos tanto la conducta verbal, es decir, las palabras que empleamos; como la conducta no verbal o gestos, movimientos corporales, tono de voz, etc. De alguna manera podemos hablar de tres estilos fundamentales, a saber, agresivo, asertivo y pasivo. Estos tres estilos se sitúan a lo largo de un continuo desde un extremo de agresividad comunicativa a otro de pasividad, pasando por el punto intermedio de asertividad.
En psicoterapia se entrena la conducta asertiva, que consiste en la habilidad social de expresar a los demás nuestros sentimientos, incluyendo nuestro malestar hacia su conducta cuando sea necesario. Para ello es importante emplear una comunicación tanto a nivel verbal como no verbal adecuada, así como hacerlo en el momento apropiado y sin herir los sentimientos de los demás. Sucede con frecuencia que cuando algo nos molesta de los otros, optamos bien por no enfrentarnos a ellos omitiendo nuestro malestar; o bien expresamos de manera agresiva nuestro desacuerdo, entrando en un estado de ira que nos conduce a la ofensa hacia ellos y a empeorar nuestras relaciones sociales cuando esta conducta se repite. Es más, la evitación de enfrentamientos característica del primero de los casos, el estilo pasivo, conlleva la acumulación de malestar y la aparición de un sentimiento de injusticia que con el tiempo acaba por explotar y transformarse en un estilo agresivo.

Para entrenar la conducta asertiva durante un proceso de terapia psicológica, se evalúa en primer lugar el estilo de comunicación de la persona a nivel molecular; se analizan las verbalizaciones, tono de voz, gesticulaciones, etc, que emplea la persona habitualmente en diferentes situaciones interpersonales, para encontrar las áreas de mayor necesidad de entrenamiento. En unos casos será necesario aumentar el tono de voz, mirada a los ojos, verbalizaciones acerca de los propios sentimientos, etc, para sustituir la conducta pasiva por la asertiva; y en otros casos habrá que disminuir estos mismos parámetros para modificar una conducta agresiva e instaurar una asertiva. Todo ello se entrena en primer lugar en la sesión de terapia psicológica y posteriormente se pone en práctica en situaciones reales, que se analizan mediante registros de conducta para valorar logros alcanzados y continuar el entrenamiento en función de ello.

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